Modalidades de oración (P. Ignacio Larrañaga) 1- 3
1.
Lectura rezada
·
Busca una oración escrita, por ejemplo,
un salmo u otra oración cualquiera.
·
Toma posición exterior y actitud interior
orante. Sosiégate e invoca al Espíritu Santo.
·
Comienza a leer muy despacio la oración. Al
leerla trata de VIVENCIAR lo que lee, de ASUMIRLO, decirlo “con toda el alma”,
haciendo tuyas las frases leídas. Lee muy despacio; “lo que leen mis ojos lo va
viviendo mi corazón, son palabras que voy diciendo a mi Dios”.
·
Si te encuentras con una expresión que “te dice
mucho”, para ahí mismo. Repítela muchas veces, uniéndote mediante ella al
Señor, hasta agotar la riqueza de la frase, o hasta que su contenido inunde tu
alma. Si no sucede esto, prosigue leyendo muy despacio, asumiendo el
significado de lo que lees para de vez en cuando. Vuelve atrás para repetir las
experiencias más significativas.
·
Si en un momento dado te parece que puedes
abandonar el apoyo de la lectura, deja a un lado la oración escrita y permite
al Espíritu Santo manifestarse dentro de ti con expresiones espontáneas e inspiradas.
Es una relación de persona a persona, de corazón a corazón. Da gracias, alaba…
despídete con una oración. Es un trabajo del corazón, no de la mente.
·
Esta modalidad es fácil y eficaz, ayuda de
manera particular para dar los primeros pasos, en los días en que a uno no le
sale nada para la dispersión mental o las preocupaciones.
2.
Oración escrita
·
Consiste en escribir en un papel todo aquello
que quisieras decir al Señor. Al terminar o mientras escribes, haz pausa y reza
lo que has escrito. Cuando después de un tiempo vuelves a leer lo escrito,
puede quedar asombrado de ti mismo, pues has compuesto tus propias oraciones
para cada situación: alegría, consuelo, acción de gracias, angustia…
3.
Oración de abandono
·
Relájate. Haz silencio interior. Invoca al Espíritu
Santo.
·
Siéntate ante Dios Padre; siente que está
presente y ten hacia Él una actitud de entrega. Te ayudará el utilizar alguna
oración o fórmulas simples como “Hágase tu voluntad”.
·
Vete repasando, en silencio y paz, todo aquello
que te disgusta de:
i. tus
padres (son exigentes, me dan poca “paga”, no me dejan salir hasta muy tarde,
discuten entre ellos…). A cada defecto que encuentres di: “Padre, hágase tu
voluntad” y acepta a tus padres tal como son.
ii. Haz lo mismo con tus características físicas (gordo, flaco, gigante, pequeño…) deficiencias físicas o enfermedades, con las limitaciones propias, con el carácter, con las personas próximas que no te caen bien, con las cosas desagradables que te hayan ocurrido…. Probablemente te duela recordar todo lo anterior, pero déjalo en manos del Padre y llegarás a encontrar la paz. No olvides pedir ayuda a María. Recuerda que Ella es quien mejor conoce a su Hijo, Ella es quien mejor puede comprender, porque pasó por todas esas situaciones y por otras mucho más duras.
Comentarios
Publicar un comentario